Texto trabajado en este teórico:
● Firth, E. (2024) Selección de TikTok as Television Navigating Algorithmic Entertainment in the Platform Era. Introducción de su Tesis Doctoral y el Capítulo 2: Algoritmos y audiencias, para optar por el Doctorado en Comunicación, Investigación Social y Marketing de la Università di Roma.
La irrupción de plataformas como TikTok en el ecosistema digital ha obligado a revisar categorías heredadas de la televisión tradicional para comprender nuevas formas de organización del consumo audiovisual. Uno de los conceptos más potentes y productivos para analizar esta transformación es el de flujo, originalmente formulado por Raymond Williams (1974), y reelaborado por autores como William Uricchio (2004, 2009), José van Dijck (2013) y Christopher Cox (2018). A través de este Teórico, se abordará la evolución del flujo desde la televisión lineal hasta su forma algorítmica en plataformas como TikTok, proponiendo que esta última debe ser leída como una forma contemporánea de televisión personalizada y automatizada.
El flujo televisivo: de la continuidad programada a la personalización algorítmica
Williams concibió el flujo como la característica definitoria de la televisión: una secuencia continua de programas y anuncios diseñada por la emisora para mantener la atención del espectador a lo largo del tiempo. En este modelo, la experiencia de ver televisión se volvía un todo integrado, donde la programación era más relevante que los programas individuales. La televisión funcionaba así como un entorno envolvente, culturalmente significativo, que articulaba contenidos, ritmos y temporalidades comunes.
Sin embargo, la aparición del control remoto, el VCR y la televisión por cable introdujo una lógica de segmentación y elección que reconfiguró el rol del espectador. Uricchio define este momento como un desplazamiento desde el broadcasting al narrowcasting, y posteriormente al personcasting, en el cual el flujo ya no es determinado exclusivamente por la emisora, sino por las decisiones del usuario. Este giro inaugura lo que se conoce como prácticas de time shifting y place shifting, que fragmentan la experiencia colectiva y habilitan consumos asincrónicos y ubicuos.
El time shifting, o “desplazamiento temporal”, es una práctica de consumo audiovisual que permite a los espectadores ver un contenido en un momento diferente al de su emisión original. Rompe con la lógica tradicional de la televisión lineal, donde los programas tenían un horario fijo de transmisión, y habilita experiencias de visualización asincrónicas, es decir, fuera del “tiempo real” de emisión.

Cuando “El Marginal” se transmitía por la Televisión Pública, muchos espectadores esperaban el horario nocturno para verlo en directo. Sin embargo, otros optaban por verlo más tarde, en el momento que les resultara más cómodo, accediendo al episodio en plataformas digitales como Cont.ar (la plataforma estatal de contenidos audiovisuales) o Netflix, donde la serie estaba disponible en su totalidad.
Este uso de plataformas para ver contenidos nacionales fuera del horario de emisión representa un claro caso de time shifting: el espectador ya no depende de la programación fija de un canal y accede al contenido cuando lo desea, muchas veces realizando incluso sesiones de maratón (binge-watching), que combinan time shifting con consumo intensivo.
El place shifting, o “desplazamiento espacial”, se refiere a la posibilidad de ver contenidos audiovisuales desde distintos lugares, sin estar limitado al espacio doméstico ni al dispositivo fijo del televisor. Surge como una práctica complementaria al time shifting, y se vuelve posible gracias a la proliferación de dispositivos móviles y conexiones a internet estables.
Durante eventos masivos como el pasado Mundial de Fútbol, muchos argentinos eligieron mirar los partidos en tiempo real desde sus teléfonos, tablets o notebooks, sin importar si están en sus casas, en el trabajo o viajando.

Por ejemplo, ver un partido de la selección argentina en el colectivo o en una sala de espera, utilizando la app de TyC Sports Play o el canal de YouTube de la TV Pública, es un caso concreto de place shifting.
Aquí, el espectador no solo se independiza del horario (como en el time shifting), sino también del lugar tradicional de consumo (el living con la TV). Esta práctica evidencia cómo el consumo audiovisual se ha desanclado del hogar y se ha vuelto móvil, ubicuo y personalizado.
Con la proliferación de plataformas digitales como YouTube, Netflix y TikTok, el flujo adquiere nuevas formas, asociadas al procesamiento algorítmico de datos. Ya no se trata solo de continuidad o secuencia, sino de personalización, predicción y adaptación. El datacasting, como lo denomina Cox (2018), redefine el flujo como una lógica de conexión automatizada entre contenidos, moldeada por las interacciones previas del usuario y sus datos personales.
TikTok: una televisión algorítmica
TikTok, en este marco, puede considerarse una plataforma televisiva contemporánea, no por reproducir el formato lineal tradicional, sino por actualizar sus principios estructurales mediante una lógica algorítmica de flujo. Cada experiencia de usuario en TikTok constituye un flujo personalizado, en el que los contenidos son secuenciados y sugeridos de manera infinita por un sistema de recomendación opaco, pero altamente eficaz. No hay programación previa ni parrilla horaria; el usuario no elige directamente qué ver, pero sí modela su flujo a través de interacciones previas: likes, tiempo de visionado, comentarios.
En el Teórico presencial vimos cómo TikTok condensa diferentes formas de flujo: desde la reproducción automática continua (flujo algorítmico), pasando por el consumo fragmentado (flujo staccato), hasta lógicas de maratoneo similares a las de Netflix (flujo bajo demanda). En este sentido, TikTok articula varios modelos históricos de consumo audiovisual, operando como un híbrido entre televisión, red social y archivo digital.
Veamos un ejemplo en este instante. Tomo el teléfono de mi hijo menor y….en esta tarde de domingo de pascua automáticamente, la plataforma me muestra una secuencia infinita de videos seleccionados por el algoritmo, basada en su comportamiento anterior: likes a contenidos de humor, tiempo de permanencia en videos de cocina y comentarios en publicaciones musicales.
Sin escribir nada en el buscador, empiezo a deslizar y veo:
- Un video de una receta argentina de chipá.
- Un clip de stand-up de una comediante local.
- Una tendencia musical con un remix de cumbia.
- Un video de un perro haciendo trucos
Esa secuencia es personalizada, continua y automática, sin una estructura programada por un canal ni un catálogo que el usuario debe explorar manualmente. El algoritmo construye el flujo en tiempo real según los datos del usuario.
Esto es exactamente lo que Cox (2018) llama flujo algorítmico: una forma de continuidad audiovisual no editorializada por humanos, sino por procesos automáticos de predicción y recomendación basados en datos.
La noción de flujo en el contexto de TikTok (siguiendo a Cox, Van Dijck y Uricchio) ya no refiere solo a una sucesión de programas diseñada por una emisora, como en la televisión tradicional, sino a una cadena continua de contenidos generada por un algoritmo, donde los anuncios están plenamente integrados en ese flujo.
Veamos en detalle:
- Los anuncios en TikTok son parte del flujo:
- No aparecen como bloques publicitarios separados, sino entremezclados con los videos orgánicos del feed “Para ti”.
- Esto reproduce la lógica del flujo televisivo clásico (como lo explicaba Raymond Williams), donde los anuncios eran parte de la experiencia continua de visualización, no una interrupción externa.
- El algoritmo personaliza ese flujo:
- TikTok analiza tus comportamientos (likes, comentarios, tiempo de visión) para insertar contenido y anuncios que considere relevantes para vos.
- Así, el flujo algorítmico mezcla entretenimiento y publicidad de manera fluida, manteniéndote dentro de la plataforma más tiempo.
- Las métricas publicitarias afectan al flujo mismo:
- Cuanto mejor rinde una campaña (por ejemplo, si tiene un CTR alto), más el algoritmo la inserta en los flujos personalizados de más usuarios.
- La performance algorítmica determina qué entra y qué permanece en el flujo, reemplazando al programador humano con una lógica de optimización automatizada.
- Monetización del flujo:
- TikTok convierte cada unidad del flujo (video, anuncio, challenge, meme) en un espacio potencial de capitalización. El flujo es al mismo tiempo cultural y económico.
- Por eso hablamos de una “televisión datificada”: el flujo ya no solo organiza contenido, sino que monetiza la atención en cada paso.
El CTR (por sus siglas en inglés: Click Through Rate) es una métrica digital que indica la eficacia de un contenido publicitario o enlace en términos de cuántas personas hacen clic sobre él en relación con cuántas lo vieron.
¿Por qué es importante en plataformas como TikTok?
- Un CTR alto indica que el contenido fue relevante y atractivo, porque logró que muchas personas actuaran (clic) después de verlo.
2. En TikTok, el CTR influye en cómo el algoritmo valora una campaña: si muchos usuarios hacen clic, el contenido probablemente se mostrará a más personas.
En el Teórico presencial vimos una campaña

las campañas publicitarias dentro de la plataforma —como el caso premiado de Purina Dog Chow en los TikTok Ad Awards 2024— no se limitan únicamente a generar visibilidad o reconocimiento de marca. Su objetivo central es maximizar la performance algorítmica, es decir, lograr que el contenido publicitario obtenga métricas destacadas como:
- Leads: cantidad de usuarios que completan formularios de registro o realizan alguna acción deseada.
- CTR (Click Through Rate): proporción de personas que hacen clic en un anuncio en relación con la cantidad que lo vieron.
- Retención: cuánto tiempo los usuarios permanecen viendo el video, una métrica clave que influye en cómo el algoritmo decide seguir mostrándolo.
La campaña de Dog Chow, por ejemplo, se estructuró en torno a una mecánica específica (registro a una hora exacta para ganar una «caja misteriosa») y se difundió exclusivamente en TikTok a través de formularios instantáneos. Esta estrategia apeló no solo al deseo de participar, sino también a la lógica de viralización algorítmica, donde cada interacción incrementa la visibilidad del contenido en la plataforma.
En este sentido, la “televisión” de TikTok ya no es únicamente una forma cultural, sino también una arquitectura comercial centrada en la captura, análisis y monetización de la atención del usuario. Cada swipe, cada like o cada segundo de visualización es medido, interpretado y valorizado en términos económicos. TikTok transforma la experiencia audiovisual en un sistema de circulación de datos y en un dispositivo de inteligencia publicitaria en tiempo real.
El espectador como nodo algorítmico
Si en la televisión tradicional el espectador era un sujeto pasivo frente a un flujo diseñado por otros, hoy se encuentra atrapado en un doble vínculo: por un lado, goza de una aparente autonomía para elegir qué ver y cuándo; por otro, su navegación es guiada por sistemas invisibles que estructuran su experiencia de forma predictiva. Esta condición ha sido abordada por autores como Cheney-Lippold (2011), quien introduce el concepto de identidad algorítmica, y Pariser (2011), quien advierte sobre las burbujas de filtro que limitan la diversidad de experiencias.
La noción de “encajar en el flujo”, propuesta por Cox (2018), es particularmente útil para comprender la paradoja contemporánea: los usuarios ya no se oponen al flujo, sino que lo habitan activamente, contribuyendo a su expansión con cada interacción. TikTok, como plataforma algorítmica, convierte esta participación en materia prima para la circulación y reconfiguración constante del contenido.
Veamos un ejemplo:
Una usuaria argentina entra a TikTok a la noche “para distraerse cinco minutos” antes de dormir. Ve un video de humor político, lo comenta, le da like y se queda mirando hasta el final. El siguiente video es una receta fácil de cocina. Lo guarda. Luego, TikTok le muestra un clip musical con imágenes de archivo de los años 80, que también le gusta y comparte con una amiga por WhatsApp.
Sin buscar nada, sin planificarlo, va “encajando” en una secuencia personalizada de videos, seleccionados por el algoritmo en función de sus intereses anteriores y sus interacciones en tiempo real. Es decir: no salta del flujo, no lo interrumpe, sino que se adapta a él y lo refuerza, retroalimentando al sistema con cada gesto de consumo (like, comentario, guardado, tiempo de visionado, envío).
La usuaria:
- No rompe el flujo, como ocurría en la era del control remoto (zapping).
- No lo define activamente desde cero (como cuando elegía una serie en Netflix).
- Sino que entra en una corriente ya personalizada, ajusta su comportamiento a ella y, a la vez, la modifica desde adentro con sus decisiones.
Este comportamiento resume lo que Cox (2018) llama una forma contemporánea y activa de “encajar” en el flujo: una experiencia donde el espectador es simultáneamente usuario, editor y fuente de datos.
¿Por qué el comportamiento en TikTok lo ejemplifica?
Porque en TikTok:
- El espectador es usuario:
- Consume contenido de manera personalizada, adaptada a su perfil.
- Participa con gestos mínimos (likes, comentarios, compartidos, swipes).
- Es editor sin saberlo:
- Cada interacción modifica el flujo futuro: el algoritmo aprende y ajusta qué mostrar después.
- Su comportamiento afina el diseño algorítmico del contenido que él mismo recibirá.
- Es fuente de datos:
- Su tiempo de permanencia, sus toques en pantalla, su ritmo de interacción, todo se mide.
- Estos datos son procesados para retroalimentar el sistema y también alimentar modelos de predicción para otros usuarios similares.
“Encajar en el flujo” no es simplemente seguir una secuencia de videos:
es habitar activamente una estructura algorítmica que:
- Se ajusta a vos,
- Se nutre de vos,
- Y te convierte en parte de su arquitectura.
Hacia una redefinición de lo televisivo
La transformación del ecosistema audiovisual en las últimas décadas ha obligado a abandonar las definiciones tradicionales de lo “televisivo”, ancladas en el aparato físico (el televisor), en la lógica de emisión lineal y en la figura del espectador pasivo frente a una programación fija. En su lugar, han emergido nuevas formas de producción, circulación y consumo que demandan una revisión crítica del concepto de televisión.
La investigadora Amanda D. Lotz, en sus trabajos sobre la televisión post-red (The Television Will Be Revolutionized, 2014; Media Disrupted, 2022), sostiene que lo televisivo debe entenderse no como una tecnología específica, sino como un conjunto de prácticas culturales, económicas y sociales vinculadas al audiovisual. En esta redefinición, lo importante no es el dispositivo, sino el modo en que se organizan las relaciones entre contenidos, plataformas, usuarios y formatos narrativos.
Bajo esta perspectiva, plataformas como TikTok se inscriben de lleno en lo televisivo contemporáneo, aunque rompan radicalmente con los formatos heredados. Lejos de ser una simple red social, TikTok puede ser leída como una forma emergente de televisión datificada, construida sobre una lógica de:
- Fragmentación de contenidos: TikTok no organiza su programación en bloques largos o episodios, sino en videos breves que circulan sin jerarquías formales, compitiendo por la atención del usuario segundo a segundo.
- Hiperpersonalización algorítmica: el flujo de videos se adapta dinámicamente al comportamiento individual de cada usuario. Ya no hay una grilla universal, sino millones de flujos personalizados que coexisten simultáneamente
- Producción descentralizada y amateur: cualquiera puede generar contenido y aspirar a alcanzar audiencias masivas. Lo televisivo ya no depende de productoras o emisoras, sino de una lógica participativa donde el contenido circula, se remezcla y se viraliza.
- Consumo móvil, asincrónico e individualizado: la experiencia televisiva se ha desplazado del living compartido al celular personal. Se mira “a demanda”, en cualquier momento y lugar, desplazando las experiencias colectivas por trayectorias de visionado solitarias y moduladas por el algoritmo.
En este marco, TikTok reconfigura el vínculo entre el usuario y el audiovisual, sustituyendo la temporalidad fija de la televisión lineal por una temporalidad fluida y permanente, donde siempre hay algo nuevo por ver y el final nunca llega. La televisión ya no es “lo que se emite” sino “lo que se te muestra”. El usuario no elige un canal, sino que entra en un flujo automatizado de contenidos que le es ofrecido según sus datos, prácticas e interacciones previas.
Lo que TikTok demuestra es que lo televisivo no ha desaparecido, sino que ha mutado, adoptando la forma de una experiencia visual inmediata, infinita y profundamente modelada por la lógica algorítmica. Así, repensar qué es la televisión en la actualidad implica dejar de buscarla en los antiguos dispositivos o géneros, y empezar a rastrear sus nuevas formas en las interfaces móviles, en los datos que guían las recomendaciones y en las formas de atención fragmentaria que definen al espectador contemporáneo.
En conclusión, pensar TikTok como televisión no implica forzar una equivalencia con el pasado, sino asumir que los dispositivos culturales evolucionan. El concepto de flujo —nacido en la era de la emisora todopoderosa— encuentra hoy nuevas manifestaciones en los algoritmos que modelan la atención. TikTok es, en este sentido, la televisión del presente: móvil, fragmentaria, predictiva, adictiva y profundamente datificada.
Compartimos los slides brindados en clase
